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Magdalena Cubel Alarcón en el Centro Psicológico MCA en Valencia

Bullying


La violencia en las aulas ha existido siempre pero da la sensación de que es un tema que aumenta cada día en el medio escolar, no obstante tenemos que tener en cuenta que los medios de comunicación en la actualidad no son los mismos que antaño y se tiende a exagerar la problemática y aunque los detalles que se dan acerca de la violencia escolar pueden ser ciertos, suelen generalizarse a todos los casos muy a menudo. Los episodios de violencia escolar están causando frecuentemente “alarma social”, ya que tienen una enorme capacidad para atraer la atención pública, así pues tanto la comunidad educativa como las Administraciones Públicas se han tenido que plantear la necesidad de prevenir y evitar la violencia en la escuela.

 

No es un fenómeno novedoso ya quela violencia escolar se ha producido siempre en mayor o igual intensidad, y ahora son más visibles porque afectan a más personas y porque padres, medios de comunicación y sociedad en general se han sensibilizado.

 

El psicólogo Dan Olweus ha sido el primer estudioso de la violencia en las aulas, al empezar a preocuparse de las dinámicas violentas entre iguales en su país (Noruega) en torno a 1973. También en Suecia desde comienzos de los Setenta se realizan investigaciones sobre situaciones de agresión en enseñanza media. Por otro lado en Estados Unidos e Inglaterra también comienzan las investigaciones sobre conductas agresivas en ámbitos escolares como por ejemplo la Investigación Nacional para los Delitos de Victimización. En Holanda (Mooij, 1994), Escocia (Mellor, 1990), Irlanda (O´Moore, Kirkham y Smith, 1996) etc. En España hasta1999 no hay estudios oficiales, siendo el primero un estudio del defensor del menor.

 

“Bully” es una palabra inglesa que significa matón o agresor y al hablar de bullying nos estamos refiriendo a conductas que tienen que ver con la tiranización, amenaza, aislamiento, agresiones físicas, humillaciones, intimidación y/ o insultos de una forma sistemática hacia una o más víctimas por parte de uno ó más agresores. Siendo lo importante la repercusión que tiene sobre la víctima más que la acción en sí misma, así pues “Un alumno es agredido o se convierte en víctima cuando está expuesto, de forma repetida y durante un tiempo, a acciones negativas que lleva a cabo otro alumno o varios de ellos” (Olweus, 1998, p. 25)

 

Según los datos obtenidos de una investigación española un 5.7% de alumnos españoles han sufrido bullying y con un 5.9% podríamos situar también al agresor (Avilés, 2002). Así pues estamos hablando de un problema lo bastante frecuente en nuestras aulas para tomar cartas en el asunto.

 

Aunque hay muchos estudios europeo que avalan que existe un número mayor de agresores de género masculino, otros como por ejemplo el realizado en Japón (Monmbusho, 1994), nos indica lo contrario. La edad donde el bullying cobra mayor fuerza suele ser a partir de los 12-13 años (con la llegada de la adolescencia)

 

Las Características del bullying serían las siguientes: Existencia de una víctima atacada por un abusón/es; Presencia de desigualdad de poder (uno más fuerte y otro más débil) en cuanto a un desequilibrio físico, social o psicológico; Existencia de una acción agresiva “de forma repetida en el tiempo” (Olweus, 1998, p.25); Expectativa en la víctima de ser blanco de ataques posteriores; la intimidación se refiere a sujetos concretos y se puede ejercer en grupo o en solitario.

 

Los Tipos de Bullying pueden ser cuatro: Físico (empujones, agresiones con objetos…) que son más frecuentes en Primaria; Verbal (motes, insultos, menosprecios públicos…) siendo el más habitual según las investigaciones; Psicológico (llegando a fomentar una sensación de temor y minar la autoestima de la víctima); Social (al pretender aislar a la víctima del resto de compañeros)

 

Es conveniente a la hora de evaluar el problema no confundir todas estas situaciones con los altibajos normales que se suelen producir en las relaciones entre alumnos, especialmente a lo largo de la etapa de la adolescencia y pre-adolescencia, conceptualizando los conflictos y las malas relaciones entre compañeros así como los problemas de disciplina como lo que realmente son, no como verdaderos problemas de violencia, aunque teniendo en cuenta que si estos no se resuelven adecuadamente pueden degenerar en ello.

 

Los agresores o “bullies” habitualmente son del sexo masculino según diferentes estudios (Olweus, 1998; Ortega, 1994) y suelen tener mayor fortaleza física. Normalmente han repetido curso por lo que son los mayores del grupo y por lo tanto con una integración escolar mucho menor (Cerezo, 1997), siendo menos populares que los más adaptados pero más que las víctimas, careciendo de lazos familiares fuertes. Pueden ser de dos tipos, los que cometen la agresión directamente y los que dirigen a una ó más personas para que cometan la agresión.

 

La víctima se caracteriza por su inseguridad, debilidad, timidez, sensibilidad y bajo nivel de autoestima, siendo más dependientes y apegados al hogar teniendo una relación más positiva y estrecha con la madre. Por otro lado son menos fuertes físicamente y suelen tener rasgos como llevar gafas, el color de la piel, ser gordo… Existirían dos tipos: los provocativos (se comportan de forma irritante y tensionada a su alrededor) y los pasivos (los más comunes)

 

Ante esta perspectiva general del problema llega el momento de plantearnos las enormes consecuencias que obtiene la víctima como: Alto nivel de ansiedad; fracaso y dificultades escolares; baja autoestima; depresión; indefensión aprendida; intentos de suicidio…pero no tenemos que olvidar que el agresor también obtiene consecuencias como: un aprendizaje de la forma de obtener sus objetivos; es la antesala de la conducta delictiva; generalización de sus conductas a otros ámbitos (laboral, pareja…) y el reconocimiento y estatus dentro de su grupo.

 

Por otro lado tenemos que tener en cuenta que también existen los que los autores denominan espectadores siendo estos los que hacen “oídos sordos” a las agresiones y según Olweus (1993) esta falta de apoyo de los compañeros hacia las víctimas es el resultado de la influencia que los agresores ejercen sobre los demás, siendo sus consecuencias un deficiente aprendizaje de cómo comportarse ante estos hechos, observación y refuerzo de modelos inadecuados de actuación, y por último falta de sensibilidad ante el sufrimiento de los demás (desensibilización por la frecuencia de los abusos)

 

Hay que tener en cuenta que según los estudios se apoya la idea de que una parte muy importante del profesorado no se da cuenta de lo que está pasando en sus aulas, ya que el 50.6% de los padres no sabe que su hijo es víctima de agresión y el 67.4% que si se entera lo hace por la víctima y no por los profesores (informe Monbuso, 1994), añadiendo esto una dificultad para la detección e intervención. Por lo que es de suponer que cuando llegan a consulta el grado de agresión de la víctima ya ha sido muy elevado.

 

Y ahora la pregunta es ¿Cómo podemos prevenir este problema? y la respuesta es más compleja de lo que parece ya que se debería hacer prevención a varios niveles:

 

Factores a favor de un modelo no agresivo serían por una parte la supervisión razonable de actividades fuera del colegio; no discutir delante de lo niños; dejar al margen a los hijos en las discusiones de pareja; uso razonable de televisión y de sus programas etc..

Es importante que existan unas normas de conductaconcretas establecidas y que el alumno las conozca y las cumpla y si no es así conozca las consecuencias por no hacerlo (favorecer la internalización y responsabilización)

También es importante que exista un modelo participativo en el centro escolar para que tanto alumnado como profesorado lleguen a un consenso en la toma de decisiones, así como un sistema de disciplina consistente.

Por otro lado las investigaciones avalan que a mayor número de profesorado vigilando los periodos de recreo menor número de incidentes de agresión escolar, por lo que es importante tener un número suficiente de personal con buenas actitudes para poder resolver los posibles conflictos.

 

Como conclusión se podría decir que cada centro escolar tendrá una situación concreta dependiendo de la interacción de los distintos factores expuestos en este artículo, teniendo en cuenta que la prevención de la violencia se tendría que comenzar en el ámbito familiar desde las primeras formas de educación, proporcionando la suficiente carga afectiva y atención a los niños para que puedan interiorizar pautas claras de comportamiento no agresivo, así como evitar situaciones conflictivas familiares (alcoholismos, maltrato…) para obtener una crianza más satisfactoria, continuando posteriormente una prevención en el aula por parte de los profesores, personal escolar, y todos aquellos espectadores que puedan intervenir para prevenir la violencia y favorecer comportamientos no violentos que no permitan la destrucción de la víctimay le hagan sentir a salvo.

 

Es responsabilidad de todos abordar este problema desde la situación personal en la que nos encontremos, como administración pública, como compañeros de colegio, como padres, como profesores, como psicólogos.

 

BIBLIOGRAFÍA:

Avilés Martínez, J.M. (2001). “Bullying: intimidación y maltrato entre el alumnado” Bilbao: Stee-Eilas.

Cerezo Ramírez, F. (1997). Conductas agresivas en la edad escolar. Pirámide.

Olweus (1993). Bullying at school. What we know and what we can dol. Blackwell.

Olweus, R. (1994). Conductas de acoso y amenaza entre escolares. Morata.

Ortega, R. (1998). La convivencia escolar: qué es y cómo abordarla. Sevilla: consejería de Educación y Ciencia. Junta de Andalucía.

Araceli Calatayud Torres.
(Adaptado por Magda Cubel
Psicóloga Clínica de Valencia)

Magdalena Cubel. Psicológa clínica colegiada C.V. 03949 · C/ Alfahuir nº 30 - pta. 2 · 46020 · Valencia Tfno. 657 93 44 20