SÍgueme en:FACEBOOKTWITTER
Magdalena Cubel Alarcón en el Centro Psicológico MCA en Valencia

Depresión... ¿qué es?...


¿QUÉ  ES  LA  DEPRESIÓN?

La depresión es un trastorno emocional que implica cambios importantes en nuestra forma de sentir, de pensar o actuar.


Nuestra forma de pensar: vemos la realidad con cierto pesimismo y negativismo. Solemos pensar mal acerca de nosotros mismos, nos desvalorizamos y nos culpamos por muchas de las cosas que hicimos. Nuestra autoestima se reduce significativamente. El mundo nos parece un lugar hostil y absurdo en el que vivir. No entendemos la vida, ni cómo ni porqué suceden las cosas. Podemos creer que los demás no nos tienen ningún aprecio y que incluso nos rechazan. Más aún, el futuro se percibe como un callejón sin salida, sin esperanza, con pocos deseos de continuar.

Nuestra forma de actuar: Tendemos a ir reduciendo nuestras actividades; nos volvemos más pasivos, dejamos de salir, de ver gente o incluso, de ir a trabajar.


¿POR QUÉ NOS DEPRIMIMOS?

Para que una persona se deprima, es necesario que en el ambiente en que vive ocurran cambios que sean percibidos como desagradables. En psicología se utiliza la expresión “pérdida de reforzadores”, que significa que la persona pierde algo o a alguien valioso. Se produce un desequilibrio entre lo positivo y negativo que recibe una persona a favor del lado negativo.

Esa pérdida de reforzadores puede aparecer por:

  1. Pérdida de reforzadores positivos: A la persona le sucede algún cambio en la vida que le afecta negativamente. Ejemplo: la pérdida de un ser querido, una ruptura sentimental, despido de trabajo..
  2. Ruptura de cadenas conductuales: Este fenómeno suele ocurrir cuando se producen cambios ambientales. Ejemplo: una persona es trasladada a otra ciudad por motivos laborales. Muchas veces, el que disfrutemos de una determinada actividad no sólo tiene que ver con la actividad en si misma, sino con una serie de pasos previos, simultáneos o posteriores a la actividad, que son los que en realidad nos producen la satisfacción o el placer de realizarlas. Los cambios positivos llevan aparejadas, también, importantes rupturas en las cadenas conductuales, que pueden provocar depresión. 
  3. Aumento en la cantidad o calidad de la aversión: Hay un aumento de lo negativo que va contaminando y restando valor a lo positivo, y de nuevo, la balanza se desequilibra. Ejemplos: un gran aumento de trabajo que desborde y produzca estrés, una enfermedad física, otro problema psicológico,..
  4. Pérdida de reforzadores simbólica: La persona deja de creer en valores filosóficos o morales, valores que le han servido de guía en su vida.

Cuando la persona percibe estas pérdidas pasaría por un periodo normal de tristeza, pero si no sabe afrontarla con eficacia, comenzaría a sentir los cambios emocionales, cognitivos y conductuales, antes comentados y empezaría a deprimirse.


¿POR QUÉ ANTE LAS MISMAS PÉRDIDAS UNOS NOS DEPRIMINOS Y OTROS NO?

Por la “vulnerabilidad psicológica hacia la depresiónv”.

Existen unos factores que predisponen o vulneran a la gente hacia la depresión:

El estilo de vida: Aquellas personas que en su vida realizan más actividades agradables, son personas menos predispuestas hacia la depresión. Si el bienestar se apoya sobre pocas áreas, si alguna de ellas se pierde, va a suponer un grave desequilibrio; por el contrario, si el bienestar se asienta en un gran nº de actividades, y además variadas, la pérdida de una de ellas no nos afectará tanto.

El estilo cognitivo, la forma de pensar. A lo largo de nuestra vida vamos aprendiendo una serie de creencias que pueden favorecer la aparición de la depresión.

Creencias que más vulneran a las personas hacia la depresión son:

La creencia de que uno mismo no es lo suficientemente valioso o que incluso está por debajo de los demás. Son personas que se consideran inferiores a los demás. Pueden creer que son menos inteligentes, menos competentes, menos interesantes, o incluso, menos atractivas. Esa forma de pensar les lleva a focalizar en sus errores, por pequeños que sean, y suelen pasar por alto sus aciertos.

La creencia en la filosofía de la culpa. Consistiría en creer que si uno comete un error debería recibir un castigo severo. Este castigo suele ser administrado por uno mismo en forma de remordimientos y sentimientos de culpabilidad.

La creencia de que el mundo debería ser un lugar maravilloso en el que vivir donde no hay problemas,  ni desgracias. Las personas que tienen esta concepción de la realidad están condenadas a tener problemas psicológicos. Cuando se encuentran con alguna de las desgracias, que más pronto o más tarde, todos nos encontramos, su mundo ideal desaparecerá, y se sentirán engañados.

Deficiencias en el área social: Las hh.ss. son el conjunto de conductas que necesitamos para relacionarnos eficazmente con los demás. Ejemplos: saber iniciar conversaciones, saber hacer peticiones o saber recibir críticas. En algunos casos, la falta de hh.ss. podría provocar que una persona en proceso de depresión no pidiera ayuda a familiares o amigos o incluso a profesionales, y esto aumentaría su depresión.

La habilidad para resolver problemas: Si una persona no sabe un procedimiento específico y estructurado para evaluar lo que está sucediendo, buscar alternativas y tomar la decisión más adecuada para sus circunstancias, entonces el problema que tiene que resolver, provocará problemas psicológicos que podrían culminar en una depresión.



¿POR QUÉ SEGUIMOS DEPRIMIDOS?  (MANTENIMIENTO)

El proceso suele ser de la siguiente manera:

  • Pérdida de reforzadores
  • Gran impacto; dolor emocional
  • Inercia; dejar de hacer actividades que provocan mayor pérdida de reforzadores.  

Privarnos de esas actividades placenteras que todos necesitamos para sentirnos bien se ve como más pérdida, que se añade a la pérdida de reforzadores original. Esto a su vez va a provocar más dolor emocional: pensamientos negativos y sensaciones desagradables.

Cada vez que una persona deprimida se plantea hacer una actividad (o alguien se la propone) el malestar que experimenta le hace decidir no realizar esa actividad, porque supondría un terrible esfuerzo que implicaría a corto plazo, quizás mayor dolor. Ésta es la gran trampa de la depresión. Rechazar hacer actividades, provoca un pequeño alivio en cuanto a que uno se libra del esfuerzo de ponerse en marcha, pero en realidad mantiene la depresión, porque nos impide acceder a las actividades que nos provocarían satisfacción y que empezaría a romper el bucle depresivo.

Por lo tanto, tenemos que cambiar los pensamientos negativos y la reducción o desaparición de las actividades. Si se modifican las creencias depresivas y se reinstalan las actividades perdidas, el estado de ánimo mejorará.

Magda Cubel

Psicologa Clínica de Valencia

Febrero 2003

Magdalena Cubel. Psicológa clínica colegiada C.V. 03949 · C/ Alfahuir nº 30 - pta. 2 · 46020 · Valencia Tfno. 657 93 44 20