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Magdalena Cubel Alarcón en el Centro Psicológico MCA en Valencia

¿Cómo afrontar la Navidad cuando nos falta un ser querido?


La verdadera esencia de la Navidad está en compartir con nuestros seres queridos la alegría por reencontrarnos después de tanto tiempo, los abrazos y gestos de cariño que recibimos deseándonos lo mejor para el próximo año, el reencuentro familiar en torno a una mesa para compartir los manjares que con tanto amor han cocinado para nosotros… En general es tiempo de alegría y felicidad que se convierte en un infierno para aquellas familias que acaban de sufrir la muerte de un ser querido. 

Para las personas que están en proceso de duelo, el sufrimiento y la nostalgia por la ausencia de la persona fallecida puede pesar más que nunca. Emociones como la tristeza, el miedo, el enfado pueden surgir con más facilidad y resultarnos más difíciles de controlar en estas fechas. Nos incomodan más que nunca las luces, los villancicos, las comidas… e incluso la felicidad de los demás. La Navidad puede ser vivida como un periodo de incomprensión y contradicción entre lo que se quiere hacer; meterse en la cama deseando que estos días hubieran pasado ya, y lo que los demás esperan que se haga en estas fiestas. Quienes nos rodean nos piden que estemos con ellos, que sigamos adelante con fuerza o simplemente, que estemos bien y volvamos a sonreír… y lógicamente,  no se desea arruinar la fiesta a nuestra familia o amigos, y menos que se preocupen aún más por nosotros.

Muchas personas o familias en duelo, sobre todo en las primeras Navidades después de la pérdida, optan por no celebrar nada en esos días de fiesta. Intentan seguir con su vida, hacer como si fuese un día normal. Otras familias prefieren hacer algo distinto, como por ejemplo, organizar un viaje a un sitio diferente. Algo que no les recuerde estas fechas, que no le recuerde lo sucedido, donde no conozcan a nadie… a salvo de los rituales navideños. 

Tanto la huida como la negación son reacciones humanas naturales, e incluso parte del proceso de afrontamiento de la pérdida o duelo. Ambas opciones son comprensibles; sin embargo, la pena se lleva dentro, vaya donde se vaya.           
Aunque aplacemos el hecho de enfrentarnos a estas fiestas, tarde o temprano se tendrá que tomar la decisión de organizar la primera Navidad sin la presencia de nuestro ser querido. Quienes huyen los primeros años, manifiestan que retomar la celebración siempre es duro, se aplace el tiempo que se aplace. Otras familias simplemente acaban optando por no celebrarlo más, posponiéndolo año tras año.

En un intento de continuar con sus vidas, hay quienes siguen celebrando la Navidad. Optan por hacerse los fuertes, intentando ponerse una coraza de fortaleza y templanza de la que no disponen en esos momentos. Como norma implícita en la familia, se instaura el tabú de hablar de la muerte. No volver a hablar de la persona ausente, como si nada hubiera sucedido, o evitar todo recuerdo emotivo, puede llegar incluso a ser más doloroso aún. La contención emocional como estrategia de afrontamiento, sin tener una válvula de escape que regule la presión contenida, acaba saliendo tarde o temprano de una forma distorsionada, traduciéndose en forma de agotamiento, irritabilidad, aislamiento, depresión o ansiedad, entre otros.

Pautas orientativas para familias en duelo: Cómo afrontar la nueva Navidad

Lo que está claro es que tras la pérdida de un ser querido, ya nada volverá a ser lo mismo. Sin embargo, tarde o temprano os veréis obligados a construir una nueva Navidad, a afrontar la celebración que se repetirá año tras año y a crear nuevas formas de vivir estas fiestas. Si hay que afrontarlo ¿porqué no hacerlo directamente y cuanto antes? Quizás sientas que no tienes las fuerzas necesarias, pero seguro que no estás solo/a y te estará permitido flaquear. Al menos, plantéate alguna de estas sugerencias:

1)    Derivar los muros del silencio

Reúne a la familia para acordar cómo afrontar la nueva situación de una manera abierta y natural. Es importante que todos podáis expresar vuestros sentimientos e inquietudes sin censura, vuestras opiniones y deseos de cómo afrontar estas fechas, las tradiciones que queréis mantener, las que no queréis llevar a cabo, si hay que hacer algo nuevo… Es un momento para que cada uno pueda participar y expresarse; los mayores, los niños, los adolescentes… Lo más difícil va a ser dar el paso, pero con esta simple  respuesta se dará a entender que cada uno de ellos importa, que os concedéis permiso para expresar vuestras emociones y sobre todo, que os necesitáis mutuamente.

2)    Fomentar normas familiares explícitas y consensuadas: 

Repasar las tradiciones que mantenéis en vuestra familia: el árbol de navidad, el Belén, las comidas, los regalos, las visitas a familiares y amigos… y dejad que cada uno exprese su sentir respecto a cada uno de ellos. Aunque haya discrepancias, crear un espacio para escucharos mutuamente y pactar lo que podéis o no hacer y compartir. Comunicar a la familia extensa y los amigos importantes lo decidido. Seguro que os respetan y agradecen saber cómo y en qué pueden ayudaros.

3)    Tener en cuenta la opinión de los más pequeños e incorporarles en todos los rituales de recuerdo: 

No podéis fingir que todo sigue igual, que no ha pasado nada. Los niños son sensibles y percibirán que la situación ha cambiado. Si además, les ocultamos nuestros sentimientos, pueden responder con recelo y desconfianza. Cuando un niño afronta una situación de crisis, de la que no tenía referente previo, tiende a mirar e imitar a los adultos que le rodean. Si percibe miedo, responderá con miedo. Si percibe que afrontamos abiertamente la situación, reaccionará de la misma manera. Un niño no teme a la muerte si los adultos que le rodean no temen sus preguntas ni esconden sus sentimientos. Y al igual que los adultos, necesitan estar presentes en el conjunto de rituales sociales que rodean a la muerte de un ser querido, aunque sea en menor tiempo de exposición, pues ellos también necesitan interiorizar la situación. El hecho de ser testigos y partícipes de los mismos, les ayudará a asimilar la situación de una manera más rápida y adaptativa.

4)    Recordar simbólicamente a la persona ausente

Quizás podéis plantear la posibilidad de introducir algún ritual nuevo en la familia, como por ejemplo, poner la foto de la persona ausente cerca del árbol de navidad o en algún lugar significativo con un par de velas o los dibujos de los más pequeños de la casa, o simplemente antes de comenzar una cena, cerrar los ojos y sentir que esa persona está presente en un día tan especial, aunque su silla esté vacía. Facilitar un momento, espacio o lugar específico donde rememorar a nuestro ser querido, o poder acudir cuando sintamos nostalgia, nos ayudará a deshacer el nudo emocional que nos oprime, o simplemente un espacio en el que poder desbordarse emocionalmente, si es necesario. Vivir momentos así o tener la seguridad de poder acudir a espacios como éstos, puede ayudarnos a que el resto del tiempo pueda vivirse con menos dolor.   
  
El triste tener que sufrir la pérdida de un ser querido para que nuestra visión del mundo cambie. Para poder darnos cuenta de las cosas verdaderamente significativas, de lo que representa vivir la vida con plenitud. Poder discernir lo que tiene realmente importancia de aquellas otras cosas por las que nos preocupamos, nos enfadamos, discutimos… sin carecer apenas de sentido. Aprender a disfrutar de los pequeños grandes detalles de la vida: la compañía de nuestros seres amados, una comida familiar, una cena con los amigos, un momento de paz y tranquilidad o simplemente un gesto de cariño de tu pareja, a tu hijo o a tu madre… tantas cosas que por sí mismas justifican el haber nacido. Y que seguramente la persona ausente disfrutó en su día en nuestra compañía. 


Magdalena Cubel Alarcón
Psicóloga Clínica Valencia (Benimaclet)

Adaptado de María Alvarez Gil.

Magdalena Cubel. Psicológa clínica colegiada C.V. 03949 · C/ Alfahuir nº 30 - pta. 2 · 46020 · Valencia Tfno. 657 93 44 20