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Magdalena Cubel Alarcón en el Centro Psicológico MCA en Valencia

Vuela mariposa, vuela!!


'Vuela Mariposa, Vuela!' es un cuento que nos enseña a entender el ciclo natural de la vida y a superar la tristeza de las pérdidas. 

Un día de primavera, un ratoncito encontró unas extrañas bolitas negras en un tiesto del jardín. 
-¡Ohhhh!

Intrigado por saber qué eran, decidió esperar y pronto vio nacer unos seres blancos muy pequeñitos que se movían muy lentamente. ¡Eran unas oruguitas! !Y una de ellas era muy simpática!

Día tras día, el ratoncito dio de comer a la oruguita para que creciera hasta convertirse en una gran oruga. 
-¡Ñam, ñam! 

Y el ratoncito y la oruga se convirtieron en inseparables.

Pasaban muy buenos ratos jugando a las cartas. Se divertían mucho jugando al escondite y leyendo juntos grandes historias.

Así que su amor fue creciendo y creciendo, haciéndose cada vez más y más grande. 

Pero un día, el ratoncito no lograba encontrar a la oruga por ninguna parte. 
-¿Eo?

Finalmente, el ratoncito la encontró en un sitio muy extraño. Apenas podía verla. No entendía qué estaba pasando, ni por qué la oruga estaba allí. 
-Agggg

Pasaron los días y el capullo de seda quedó completamente cerrado. La oruga se había quedado allí, durmiendo, durmiendo. Y el ratoncito lloró con mucha pena...
-¡Sniff, sniff!

El ratoncito se quedó sentado, enfadado, esperando a que la oruga despertara del sueño. Quería volver a estar con ella. Agotado, triste y cansado de esperar, el ratoncito quedó dormido.
-Zzzzzz, zzzzzz,.....

Cuando el ratoncito despertó, vio que el capullo de seda se había abierto.
-¡Ohhhhhh! 

Pero al mirar en su interior comprobó, desolado, que la oruga no estaba. Así que se volvió a sentar esperando, por si la oruga volvía. Pensó que quizás fue culpa suya. Si él no se hubiese dormido ahora estaría juntos.

Entonces, se le acercó una mariposa. El ratoncito se sorprendió mucho cuando la bella dama le dijo quien era y le recordó los buenos momentos pasados juntos jugando y leyendo.
-¡Ohhhhh! 

El ratoncito, se sintió muy feliz devolver a ver a su querida oruga, que ahora era una bellísima mariposa y le pidió que no se fuera nunca, nunca más. 

Pero a medida que pasaban los días, la mariposa perdía su belleza. El ratoncito no sabía por qué. 
Por fin, el ratoncito comprendió que las mariposas están hechas para volar. Así que el ratoncito le dijo a su querida mariposa : 
-¡Vuela, Mariposa! ¡Vuela! 

Y la mariposa alzó el vuelo y con sus majestuosas alas se alejó.

Aquella noche, el ratoncito soñó con la mariposa.....Y en su sueño, volvieron a estar juntos, felices como siempre. 
Y antes de despertar, la bella mariposa le contó un secreto al ratoncito. Le dijo que le había dejado un regalo. 
-¿Ehhhh? 

El ratoncito despertó y corrió hacia el tiesto donde una vez encontró aquellas bolitas negras. ¡Y sí, allí estaba su regalo! ¡La mariposa había puesto sus huevos!

Así que el ratoncito esperó hasta ver nacer a las nuevas oruguitas que le hicieron recordar todos los bellos momentos vividos. 

Y el ratoncito entendió el ciclo natural de la vida. Ahora, cuando ve una mariposa, recuerda todos los buenos momentos vividos con su querida oruga. 
-¡Ahhhh! ¡Volad, mariposas! ¡Volad! 

Si miramos una mariposa veremos que tiene cuerpo de oruga y dos alas en forma de corazón unidas para siempre. La belleza de las mariposas nos recuerda que el amor es eterno.

¡Vuela, mariposa! ¡Vuela! de Lydia Giménez-Llort.

Magdalena Cubel Alarcón
Psicóloga Clínica Valencia.

Magdalena Cubel. Psicológa clínica colegiada C.V. 03949 · C/ Alfahuir nº 30 - pta. 2 · 46020 · Valencia Tfno. 657 93 44 20