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Magdalena Cubel Alarcón en el Centro Psicológico MCA en Valencia

Artículo de opinión sobre ser padres en la adolescencia.


Es un error pensar que cuando los hijos se convierten en adolescentes,  ya está todo hecho,  que ya hemos atendido sus necesidades, y que es el momento en que ellos han de comenzar a “independizarse”. Y eso es cierto, es cierto que han de independizarse, pero no hemos terminado de hacer nuestro trabajo, es más, aparecen nuevos escenarios desconocidos que nos hacen tambalear el suelo sobre el que pensábamos que pisábamos firme. Y esto hace que nos replanteemos cual es nuestro papel como padres.

Educar es lo más difícil que yo he hecho hasta ahora, incluso sabiéndome la teoría, pero también es lo más gratificante, y si bien es cierto que hay momentos de dolor y de confusión, de “no saber si me estaré pasando o de no haber llegado”, esta claro que los resultados, con el tiempo, te indican como lo has hecho.

No es cierto que tener un adolescente sea algo por lo que dar el pésame, si bien es una época de inseguridad y miedo para los padres, por eso deberíamos plantearlo como un reto personal en el proceso de independencia y maduración de nuestros hijos.

A veces confundimos independencia con desapego o con dejar hacer; en todo sistema hacen falta normas y límites y a esta edad las siguen necesitando. Creo que es importante discriminar entre fomentar su autonomía y dejarles desprotegidos completamente, y permitirles hacer lo que quieren sin límites les desprotege. Hay que estar pero no vigilar, confiar pero siempre con los ojos abiertos y, sobre todo, hay que dialogar para que aprendan a protegerse y a ser responsables de sus actos. 

Parece que nuestra sociedad enseña desde el aprendizaje basado en el castigo. Pero el castigo no enseña, solo genera rabia y frustración en el adolescente y la sensación de “que le estás amargando la vida”. Y aunque  es cierto que necesitamos “esas penas” para aquellos que traspasan la línea, es mucho más importante pensar en lo que estamos haciendo como sociedad con nuestros adolescentes. 

¿Somos una sociedad permisiva o somos una sociedad “adolescente”? Parece que esta sociedad no quiere crecer ni madurar, pero a la vez se siente “súper mayor” para algunos temas, como el alcohol, las drogas, la moda, la alimentación… y ofrece modelos poco responsables. La responsabilidad es la clave del proceso de autonomía en una persona. No podemos estar siempre encima de nuestros hijos, eso lo sabemos, pero hemos de propiciar que caminen con paso tranquilo y seguro hacia la independencia, sin romper los vínculos que siempre nos han unido a ellos. Crecer no significa abandono.

Muchas veces los padres tenemos miedo, y cuando eso pasa es muy difícil educar. Tenemos miedo a que les pueda pasar algo, miedo a que alguien les influya negativamente, miedo a que si no estamos encima no hacen lo que deben y miedo a no tenerlos más en formato pequeño. Muchas veces observo a padres y madres de mi entorno con sus hijos e hijas adolescentes y tengo la sensación de que en realidad lo que sienten es nostalgia de lo que sus hijos fueron y que no volverán a ser, unos niños. 

Es una pena porque aunque es cierto que los hijos crecen, en realidad no hay mejor noticia que esa, y pretender que sigan siendo unos niños es encarcelarlos y alejarlos de nosotros. No podemos pretender que sigan siendo esos locos bajitos que nos admiran profundamente y sobre todas las cosas de manera incondicional. Lo que sí debemos hacer es promover una relación sana con unos “locos ya no tan bajitos”, que han ampliado su círculo de admiración. Admiran a sus amigos, a sus cantantes favoritos, a sus hobbies, a sus novios y novias… pero también admiran a sus padres y profesores si son capaces de mantener un criterio y una relación basada en la confianza y el respeto. Y debemos recordar que esto lo aprenden con el ejemplo, y que somos nosotros los responsables de demostrarles respeto y confianza para que ellos nos la den a nosotros.

Creo que hemos de desmitificar la adolescencia y convertirla en una etapa apasionante donde está todo por descubrir, donde está todo por aprender. Merece la pena convertirse en educadores también de adolescentes, seamos responsables y enseñaremos a ser responsables, seamos respetuosos y enseñaremos a respetar, seamos padres y madres, no colegas, no represores ni espías, simplemente padres y madres, con nuestras dudas y nuestras seguridades,  porque así enseñamos a serlo el día de mañana.

Creo en la educación como una de las únicas formas de evolución del ser humano, como una de las herramientas indispensables para terminar con la violencia y el dolor. Y aunque parece que en nuestra sociedad andamos un poco perdidos observando situaciones incomprensibles entre padres e hijos, o entre chicos y chicas, no podemos quedarnos impasibles mirando. Una sociedad responsable es aquella que asume que algo está haciendo mal si las cosas van mal entre nuestros adolescentes, pero también es una sociedad que es capaz de asumir que puede cambiar para mejorar. 

Solo se me ocurre la educación como instrumento para la prevención. Solo se me ocurre la educación como instrumento para la evolución de nuestra sociedad.

Magdalena Cubel Alarcón
Psicóloga Clínica de Valencia.

Magdalena Cubel. Psicológa clínica colegiada C.V. 03949 · C/ Alfahuir nº 30 - pta. 2 · 46020 · Valencia Tfno. 657 93 44 20